sábado, 11 de mayo de 2013

Supermassive Black Hole - Capítulo 10.


El me correspondió el beso, me agarró de la cadera y me pegó a él. Nuestros húmedos labios seguían rozándose con más violencia a medida que nuestras respiraciones se aceleraban.
Paré de besarle y, no sé cómo ni por qué, le agarré del brazo y le lleve a tientas a mi habitación sin encender la luz ni hacer mucho ruido.
Dom cerró la puerta tras de mi. Nos quedamos allí mirándonos el uno al otro, el se acercó y me empezó a besar el cuello. Sentía cómo su boca se deslizaba por mi piel tan suavemente... No puedo mentir, me encantaba aquello y me hacía olvidar que Matt se encontraba a tres metros de mi, en su cuarto. Pero cuando hizo el intento de levantarme la camiseta le sujeté la mano sutilmente y le dije "Creo que debería irme a dormir...". No me gustó tener que decirlo, pero quién sabe lo que pudo llegar a pasar si no le detenía en aquel momento. Sí, me estoy refiriendo a tener sexo. No digo que no hubiera estado bien, pero no soy de las que se acuestan con un chico el día después de conocerlo, soy incapaz de hacer eso. En sus ojos veía una expresión de disculpa, "Está bien" dijo yendo hacía la puerta. "Quédate a dormir" le pedí antes de que saliera. El se giró y en su cara pude ver un amago de sonrisa. "¿En serio? Creía que te había molestado lo de..." dijo señalando mi camiseta. "Qué va, el que debería de estar molesto tienes que ser tú, que yo te he parado en seco y eso tampoco ha estado bien. Lo siento" -me disculpé- "Bueno, ¿te quedas?" volví a preguntarle. "Sí, claro" -me respondió- "Oye, creo que no deberíamos decirle nada a Matt", ni siquiera pregunté por qué, no quería saberlo, solo asentí y le hice una seña con el dedo para que se diera la vuelta y yo pudiera ponerme el pijama. Lo hizo. "Ya" le dije cuando me hube vestido. El se quitó la camiseta y empezó a desabrocharse los pantalones. "¿Vas a...?" le pregunté curiosa a la vez que me sonrojaba. "¿Te importa?" sonrío él. "No, no" le contesté riéndome. Retiré las sábanas y le di paso a que se metiera en la cama, luego lo hice yo.
Estaba ahí, pegada a él rozando mis pechos con su espalda; me sentía tan a gusto... "Buenas noches, Dom" le dije dándole un beso en la mejilla. "Buenas noches" me respondió él amable.
Dominic se durmió en seguida, lo sé porque le oí respirar más profunda y relajadamente. Yo, sin embargo, tardé más en coger el sueño, a pesar de que estaba muy cansada, porque estuve pensando y asimilando todo lo que había ocurrido. En primer lugar, fui yo la que besé a Dom; aunque estaba borracha, algo significaría eso, ¿no? En segundo lugar, ahora que me fijaba en él me gustaba bastante, y me hacía olvidarme de Matt, que es lo más importante y la prioridad en estos momentos.
Perdida en mis cavilaciones conseguí adormecerme y caer en el sueño por fin.


Cuando me desperté lo primero que hice fue coger el móvil de mi mesita de noche y mirar la hora. Eran las 13:45. No me sorprendía que fuera tan tarde teniendo en cuenta a la hora a la que me acosté la noche anterior.
Me giré hacia la derecha. Dominic seguía durmiendo; tan rubito y con esos mofletes parecía un angelito. Se me escapó una sonrisa al ver esa imagen tan tierna.
El ruido del grifo del baño al abrirse me sacó de mi ensimismamiento. Matt se había metido en la ducha; se me había olvidado por completo que estaba en el piso, y tenía que aprovechar este momento en el que él no estaba merodeando por la casa para que Dom se fuera sin que lo viera, así que me propuse despertarlo.
"Dom" susurré. Pero ni se inmutó. "Dominic" dije un poco más alto y zarandeándole el brazo levemente. Esta vez sí abrió los ojos. "¿Eh?" farfulló desconcertado y yo solté una risita. Este me miró con cara extraña. Entonces por un momento pensé en que, quizás, para él lo de anoche solo fue eso, una noche, o un despiste, un descuido, y que no quería que se volviera a repetir; al contrario que yo. Fue cuando empecé a tener miedo y mi expresión cambio a un gesto serio. "Buenos días" -me dijo- "Uf... mi cabeza..." se quejó entrecerrando los ojos. Parecía que solo estaba de resaca. "Buenos días Dominic" -le respondí con una sonrisa de oreja a oreja- "¿Te encuentras muy mal?" pregunté. "Pues un poco... Me va a estallar la cabeza..." contestó incorporándose y quedando sentado en la cama, pero aún metido entre las sábanas. "Oye, sé que no es buena manera de empezar el día, pero tienes que irte ahora que Matt está en la ducha para que no te vea" expliqué resignada. "Mm... vale, yo quería hablar sobre lo de ay-" hice un signo para que parara de hablar porque oí cerrarse el grifo. "Mierda, ya ha terminado de ducharse. Corre, vístete, no tardará en salir del baño" le animé. El batería saltó de mi cama, buscó su ropa que andaba por el suelo y se la puso tan rápido como pudo. Yo me levanté, abrí la puerta despacio y asomé la cabeza para ver si había moros en la costa. "Puedes salir" -le avisé- "No hagas ruido al cerrar la puerta de la entrada" le pedí. "Vale" -entonces me dio un inesperado beso en los labios, casto pero dulce- "Nos vemos" se despidió con una sonrisa. Yo me quedé como atontada en el umbral de la puerta viendo como se iba, observando y analizando sus movimientos. Cerró la puerta muy despacio.
Justo tres minutos después o así salió Matt del baño. Tenía el pelo mojado. Me encantaba cuando lo llevaba así, le quedaba muy... sexy. Yo seguía parada en la entrada de mi habitación; ni siquiera me había dado cuenta de que seguía ahí, me quedé embobada.
Matt se fijó en mi. "Hey, buenos días, Em" me saludó risueño. Yo parpadeé dos veces antes de contestarle "Buenos días". No sé si tenía muchas ganas de hablar con él; la verdad es que no, pero aún así me fui para el salón y me senté desganada en el sofá, como cansada, aunque ni siquiera lo estaba. Él entró en su habitación, pero sabía que acabaría volviendo donde yo estaba y, efectivamente lo hizo. "¿Qué tal ayer? No te oí llegar" me dijo. Parecía mi padre. Es más, creo que ni mi padre me preguntaba tales cosas con la edad que tenía ya, a pesar de que, como ya he dicho, fueran muy sobreprotectores. "Bien" -le respondí- "Llegué bastante tarde. Dominic y yo nos quedamos bebiendo y nos dieron las tantas. Luego me acompañó aquí". No le dí demasiados detalles ni, obviamente, le conté que el batería de su grupo y yo nos besamos bastante, pero él siguió intentando sacarme información. Es como si se oliese que había pasado algo. "¿Te lo pasaste bien?" me preguntó. "Sí, tu amigo es muy majo", cuando quería podía ser muy seria y parecer muy sosa y borde. Pero por suerte no solía serlo, solo cuando quería. Noté de repente algo de tristeza en la expresión de Matt. "Es buena gente" dijo él finalmente. Parecía melancólico, tenía la mirada como perdida. Yo me limité a asentir y me recosté sobre el cojín que tenía en mi espalda. El hizo lo mismo, solo que no tenía cojín. Me fijé en que, sutilmente, se pegó un poco a mi, pero no le di demasiada importancia. Ahora no podía pensar en él de esa manera, más bien no quería.
Yo soy de esas personas que no pueden estar mucho rato calladas, aunque pueda parecerlo, pero la verdad es que solo hablo demasiado con la gente que sé que le interesa lo que digo, o que, al menos, me escuchan. Por eso acabé hablándole a Matt. "¿Qué tal tú? ¿Cómo llevas tu dibujo?" se lo pregunté sinceramente. De verdad que me interesaba saber cómo estaba y lo del dibujo. "Justamente lo acabé esta noche" se giró un poco para poder mirarme a los ojos. ¿No podía hablarme sin hacerlo? Es decir, yo solo miro a una persona a los ojos cuando tengo muchísima confianza con ella. De hecho, no me di cuenta de que nunca miraba a nadie a los ojos hasta que una amiga mía, allá por tercero de la ESO me lo dijo. Me dijo que miraba a la boca cuando hablaba a la gente, y era verdad, me observé y estaba en lo cierto. Holly Lowell me lo dijo. Ella era el tipo de chica que te decía esas cosas sin más, además fue muy amiga mía. Y digo fue porque casi sin darme cuenta dejó de serlo. La cosa es que nos estuvimos llevando genial durante tres años, pero en el último curso de instituto ella cambió.
Holly antes era todo lo contrario a mi. Si yo era pesimista, autodestructiva, negativa a más no poder y sin autoestima alguna, ella era optimista y todo eso; y siempre estaba obligándome a serlo yo también, pero me negaba. A donde quiero llegar es que conforme nos conocíamos más la una a la otra, ella se volvió más como yo y yo más como ella, y eso es lo que nos hizo distanciarnos al final. La pena es que en ese último año, en el que ya apenas nos hablábamos, me di cuenta de que acabó siendo una versión peor de lo que yo era antes. Pobre Holly, de verdad. Ahora ya ni me saluda por la calle, no sé bien por qué.
Miré de reojo: Matt seguía mirándome en busca de que yo le dijera algo. "¿Te molestó que me quedará con Dominic?" pregunté de sopetón. "Hmm, no, ¿por qué?" no sé si su gesto estaba siendo falso, pero lo parecía. "Ah, no, no sé..." estaba siendo la conversación más insulsa de mi vida pero Matt le dio un giro de 360 grados cuando dijo tras un rato en silencio "¿Te gusta Dom?".

domingo, 14 de abril de 2013

Supermassive Black Hole - Capítulo 9.


El camino hacía la sala donde daban el concierto me parecieron los veinte minutos más largos e incómodos de toda mi vida. Ninguno dijimos palabra, nos limitamos a mirar al frente. 
Cuando llegamos y entramos Dominic estaba esperando en el escenario junto con otro muchacho más alto y con el pelo más largo que ellos dos, un poco rellenito también, pero muy guapo. Por lo visto 
tocaban los primeros.

El local estaba lleno de gente con pintas varias; había desde punks, góticos, rockeros... hasta algunos que parecían niños de papá. También había una barra con un par de camareros que servían de todo; un billar en el otro extremo y el escenario al fondo. 
Me acerqué con Matt hasta donde estaban los otros dos componentes de Muse. "Hola Emily" me saludó muy contento Dominic. Parece que había olvidado lo de nuestro primer encuentro y, la verdad, me alegraba bastante porque no solía ser como fui entonces y quería llevarme bien con él pues parecía muy buen chico. "Hola Dominic" le respondí con una grata sonrisa. "Llámame Dom, por favor" yo asentí. "Este es Chris, nuestro bajista" me lo presentó Matt. "Hola, yo soy Emily, la compañera de piso de Matt" le dije dándole un apretón de manos. "Buenas" respondió risueño. 
"Venga vamos, empezamos casi que ya" le dijo Chris a Matt haciéndole una seña para subir al escenario. Yo me quedé abajo, obviamente, pero en primera fila a la izquierda, apoyada en la pared. 
Dom se sentó en el taburete detrás de su batería y Chris fue para la derecha a colocarse su bajo. Matt se colgó su guitarra, la misma que tenía en el apartamento el otro día, y se colocó delante del pie del micrófono que justo estaba en frente mía. Y empezaron la actuación. Todos los que estaban en la sala a excepción de mi empezaron a dar botes de un lado a otro al ritmo de la música. El primer riff de guitarra que dio Matt me dejó atónita. Nunca lo había visto tocar antes y era increíble, lo hacía genial; me quedaba embobada viendo cómo deslizaba con esa facilidad pasmosa sus dedos por las cuerdas del aquel instrumento. Chris también tocaba muy bien y se pasaba todo el rato haciendo headbanging (me pregunto si le dolería el cuello después...); y Dom le daba a la batería con una fuerza tremenda. El conjunto de los tres era asombroso, se veía una banda muy unida, no sabía bien por cuánto tiempo tenían grupo, pero lo hacían como si llevaran toda una vida juntos.
 Entonces Matt tomó el micrófono y comenzó a cantar. Ni me había imaginado que él también cantaba y cuando lo oí... Dios mío, tenía la voz más preciosa que jamás había escuchado, y el sentimiento que le ponía al cantar me fascinaba. 
Llegó un solo de guitarra en el que se lució y yo me quedé maravillada al ver el espectáculo que daba haciendo unos movimientos mientras tocaba y tirándose al suelo con la guitarra. 
Terminó la primera canción y Matt volvió a tomar el micrófono mientras la gente aplaudía como loca: "¡Buenas noches, Devon! -dijo tomando aire- "¡¡A la batería tenemos a Dominic Howard!!" -la gente aplaudía como loca mientras Dom tocó los platillos- "¡¡Nuestro bajista es Chris Wolstenholme!!" Chris le dio a sus cuerdas y la gente volvió a aclamarles. Dom agarró el micro antes de que Matt dijera algo más: "¡¡Y este loco hijo de puta es Matthew Bellamy!!" terminó riendo mientras los otros dos integrantes, junto con el público, les seguían. "¡¡Y nosotros somos Muse!!" gritó de nuevo Matt alargando la pronunciación de esa última palabra. Todos vitoreábamos emocionados. 

Continuaron con el repertorio de canciones, a cada cual mejor que la anterior, conforme la sala se iba llenando de muchedumbre. 
En una de esas Chris soltó su bajo y tomó una guitarra acústica, y Matt soltó su eléctrica y se sentó al borde del escenario con el micrófono. Chris empezó a tocar un ritmo muy lento. "You could be my unintended... Choice to live my life extended... You could be the one I'll always love..." cantó Matt mirándome a los ojos. Su voz esta vez sonaba dulce, encantadora, ingenua... 
En ese momento se me encogió el corazón y me di cuenta: tenía que terminar lo que ni siquiera había empezado, no solo por mi, sino por Matt. No quería  llegar a hacerle daño, por eso no podía dejar que nada pasara entre nosotros, estaba decidido. 
La preciosa canción terminó, los chicos volvieron a colgarse sus anteriores instrumentos y siguieron con el concierto hasta que se despidieron saludando al público y rociándolos con el agua de sus botellas; yo en ese momento me aparté.
La verdad es que me encantó totalmente la actuación. Eran realmente buenos y, si se lo montaban bien, quizás llegaran a ser conocidos en todo Reino Unido
Se bajaron del escenario y el otro grupo les tomó el relevo. Ni siquiera me fijé en ellos ni en qué tocaron, porque no me interesaba. Los miembros de Muse se aproximaron a donde yo me encontraba. "Bueno, ¿qué te ha parecido?" me preguntó Matt aún sembrado de euforia. Su tono sonaba como siempre, no sé si era por el recién acabado concierto, o porque había optado por dejar de lado lo que hace unas horas estuvo apunto de pasar en el sofá de nuestro piso. "¡Oh dios mío, sois increíbles!" les contesté totalmente sincera y emocionada mirando a cada uno por separado y dándoles la enhorabuena mentalmente ya que en mi gesto se notaba la admiración. "Muchas gracias" me dijo Dom, pero los tres me dedicaron una amplia sonrisa. "Vamos a por unas birras, ¿no?" sugirió Chris. "Sí, por favor, necesito algo de alcohol en mi sangre" aprobó la petición Matt a la vez que Dom afirmaba con la cabeza riendo y nos dirigimos a la barra.
Nos sentamos en las banquetas cada uno con nuestra cerveza. Ellos empezaron a hablar sobre cómo habían sonado, algunas cosas técnicas de los instrumentos y demás. Yo los escuchaba atentamente aunque no podía seguir la conversación. 

Cuando Matt se acabó su segunda cerveza se levantó y dijo "Chicos, creo que me voy ya, que estoy muerto". "Y yo me piro contigo" añadió Chris. "Oh, venga, yo quiero pararme un ratito más" le supliqué a mi compañero poniendo carita de cachorrito. "Quédate tú, pero yo me voy" -me contestó- "La cuidarás, ¿no, Dom?" le dijo a este. "Claro, tío"  después de decir esto se despidieron con la mano y bajista y guitarrista salieron por la puerta. "¿Quieres otra cerveza? Invito yo" me ofreció sonriente. "Pues sí, gracias" acepté su petición devolviéndole el gesto. Pidió dos cervezas al camarero, una para mi y otra para él, y propuso un brindis: "Por..." me dejó que acabara la frase "Por la música" terminé de decir yo; e hicimos "chin-chin".

Pasó el tiempo, para variar en mi vida, volando, entre charlas banales y risas con Dominic Howard. Cuando hice el recuento de las cervezas que llevaba conté tres, y estaba empezando a beberme la cuarta. Ya notaba los efectos del alcohol que hacían sentirme más ligera y cariñosa en cierto modo. 
"Dios mío, Dom, ¿qué hora será ya?" me costó un poco pronunciar del todo correcto aquello. "Ni lo sé, ni me importa" me respondió, apreciándose que la bebida le afectaba también a él. "Uf, yo creo que deberíamos irnos ya" propuse sutilmente. "Bueno, termínate esa cerveza y nos vamos" accedió él. "Okay" le respondí dándole un trago largo al botellín.
"¡Listo!" dije apoyando fuerte la botella ya vacía en la barra. "Pues vamos" me animó él levantándose del asiento. Yo, cuando puse un pie en el suelo, sentí cómo mi cabeza me daba vueltas. Estuve a punto de caerme, pero Dom me agarró del brazo. "Si que te sube a ti pronto el alcohol" me dijo. "Es que no suelo beber muy a menudo" expliqué. "Creo que voy a acompañarte a casa porque no me fío de que llegues viva, y si te pasa algo Matt me mataría", "Yo tampoco creo que llegase sana y salva, la verdad" le respondí riendo.
Salimos de aquel lugar y nos encaminamos a mi apartamento. El batería tuvo que sostenerme varias veces porque estuve a punto de acabar en el suelo. Madre mía, creo que nunca había estado tan borracha, pero él no se quedaba atrás. Decíamos tonterías y teníamos que pararnos sentados en el suelo a reírnos porque no podíamos continuar andando a la vez, era todo demasiado absurdo y divertido. Creo que debería irme de cervezas con Dominic Howard con más frecuencia, en una noche había tomado muchísima confianza con él. Efectivamente acerté en lo de que era un buen chico, era muy gracioso, pero también maduro, aunque no tuve la oportunidad de hablar muy seriamente con él.

Llegamos a mi edificio. Solté un largo bostezó, "Ay, qué cansada estoy..." entonces Dom, con un movimiento, me tomó en brazos. "¿Pero qué haces, idiota? ¡Bájame!" le ordené riendo. "La señorita está cansada, no se queje" bromeó y subió rápidamente las escaleras conmigo en brazos. Me bajó cuando estuvimos frente a la puerta del piso.
Busqué las llaves en mi bolsillo y me costó varios intentos meterla por la cerradura. Cada vez que fallaba Dominic se mofaba de mi. "¿Puedo pasar? Es que necesito ir al baño" me pidió cuando hube abierto la puerta por fin. "Sí, claro" le dije abriéndole paso. Me quedé esperándole en la entrada hasta que salió.
"Mucho mejor" dijo riendo; yo le seguí. El se acercó a la puerta y se quedó apoyado en ella. "Bueno..." articulé. "Bueno..." repitió él. Nos quedamos observándonos en la penumbra, ya que apenas encendí la luz, acompañados del silencio de la noche. Yo aún seguía muy mareada y borracha y él, por sus ojos, también lo estaba igual. Me fijé en sus ojos; la verdad es que eran muy bonitos, pero nada comparados con los de Matt. Matt...
Avancé un paso quedando prácticamente pegada a Dom, quien me miraba con cara de curiosidad y una sonrisita. Me puse un poco de puntillas y dirigí mi mano a su cuello mientras acerqué mi boca a la de él pegando mis labios a los suyos; cerré los ojos. Le besé. 

Supermassive Black Hole - Capítulo 8.


Mi memoria me había jugado una mala pasada y me había olvidado que le dije a Matt que cenaría con él esta noche. Para recordar cientos de letras de canciones si que sirves, eh. 
Me repetí a mi misma hasta la saciedad que no debía preocuparme por ello, solo era una simple cena entre compañeros de piso, no tenía por qué significar nada. 
Cuando conseguí relajarme abrí el libro y empecé a leerlo por infinita vez. 

No miré el reloj hasta que mi estómago empezó a manifestarse y a reclamar su derecho a ser alimentado. ¡Ya eran las cuatro de la tarde! Se me había pasado el tiempo volando y ni me había dado cuenta... Siempre me ocurría igual cuando me ponía a leer y me metía enteramente en el libro y en su historia, me envolvía la trama de tal manera que me olvidaba de todo lo que me rodeaba. Esa era una de las razones por las que me gustaba tanto leer, porque me transportaba a otro mundo completamente diferente donde podía ser otra persona, vivir otra vida... Todo eso me encantaba. 
Cogí lo primero que tenía a mano en ese momento para usar de marcador en el libro: una etiqueta de la última camiseta de Nirvana que me compré; lo dejé sobre mi escritorio y me fui para la cocina. A ver qué me preparaba para almorzar yo a estas horas... 
Abrí la nevera para ver qué tenía: un poco de embutido, un bote de pepinillos en vinagre (me encantaban), mantequilla, huevos, queso, yogures... Mi madre con tan poca cosa hubiera preparado algún plato genial, pero yo me limité a hacerme un bocadillo de queso, por pereza más que nada. Me lo comí allí mismo, apoyada en la encimera, acompañado de un zumo. 
Cuando terminé entré en el salón y caí de espaldas en el sofá soltando un largo resoplido. No me gustaba demasiado estar sola, bueno, no siempre. La cosa es que prefería ir a mi bola normalmente, sin nadie que me molestase, pero no me importaba estar rodeada de gente. Ciertamente me sentía bastante sola a veces y en general, porque, aunque siempre he tenido muchos amigos nunca me he sentido comprendida como quisiera. Todo se debe, a mi parecer, a que tengo una mentalidad muy difícil de entender; una forma de ver las cosas y una percepción de la realidad totalmente diferente a la del resto de las personas que conozco. Supongo que por eso me atraía tanto la lectura también, porque en ese puñado de hojas encontraba comprensión de algún modo. Y la música, aún no te lo he dicho, pero me encanta la música (a pesar de que no toque ningún instrumento). Lo que me transmiten unos cuantos acordes de guitarra acompañados de una buena línea de bajo y una batería brutal no me lo transmite nada; además de las letras, por supuesto.

Miré para la televisión con la intención de encenderla, pero no lo hice. Odiaba ver la tele y odiaba los programas que daban, me parecían absurdos y carentes de interés. 
Cerré los ojos e intenté relajar mi respiración, concentrarme en el ambiente que me rodeaba, pensar... Todo estaba tan silencioso que me frustraba. Trataba de simular en mi mente el entorno. Me imaginaba la televisión a la izquierda, detrás de la mesita de café de cristal y madera oscura; en frente la pequeña estantería medio vacía, y al otro lado una lampara de pie. 
Abrí los ojos, fui a mi habitación a por El guardián entre el centeno y regresé al salón para volver a tumbarme en el sofá. Ya llevaba leído más de la mitad del libro, así que decidí terminarlo. Me lo sabía de memoria, pero me daba igual.

"¿Emily?" cuando oí la voz de Matt abrí los ojos y me incorporé del sofá tirando el libro al suelo. Me había quedado dormida, ¿cómo era posible que no me cansara de dormir? "¿Eh?" balbuceé desconcertada. Miré  para todos lados y vi a Matt de pie frente a mi, con dos cajas de pizza en las manos. "¿Estabas durmiendo?" me preguntó riendo. "¿Qué hora es? ¿Y qué haces con esas pizzas?" no le contesté a su pregunta porque la respuesta era evidente. "Son las ocho y media y estas pizzas son porque te dije que la cena sería informal". Dios mío, la facilidad que yo tenía para hacer que se me pasara el día en un abrir y cerrar de ojos era increíble. "Oh, deja que me ponga algo decente" dije mientras recogía el libro del suelo y me iba a mi habitación a ponerme algo mejor que el chándal que vestía en aquel momento. "De acuerdo... Aunque no hace falta" dejó las pizzas sobre la mesita y se sentó en el sofá.
Ya iba a vestirme para el concierto por lo que cuando abrí el armario mire directamente a la pila de "camisetas para conciertos" y escogí la de Pink Floyd, unos vaqueros y mis Converse rojas medio rotas. Me cepillé un poco el pelo y volví con Matt. 
"Bonita camiseta, si señor" fue lo primero que dijo cuando me vio. "Muchas gracias" le contesté sonriendo y me senté junto a él. Este abrió las cajas de pizza, "No sabía cómo te gustaban así que he pedido una de carbonara y otra de jamón y queso, que se supone que son las que le suelen gustar a todo el mundo". "Oh, está perfecto, me gustan la dos" y tomé un trozo de la de jamón y queso. Matt fue a por un par de Coca-Colas y me ofreció una. "¿Me dejas que te interrogue?" preguntó ilusionado. "Por qué no" yo también estaba de buen humor, así que le seguí el juego. "Es para conocernos mejor. Quiero saber cosas sobre ti". "De acuerdo. Empieza" le animé con ganas. "Está bien. ¿Cuál es tu color favorito?" cogió una porción de pizza. "El rojo" -contesté- "¿Puedo preguntarte yo a ti también?". "Por supuesto" -respondió- "El mío también es el rojo, por cierto". "¿Tocas algún instrumento a parte de la guitarra eléctrica?" curioseé. "Sí, el piano" -fue su respuesta- "¿Comida preferida?" continuó él. "La pasta. Cualquier tipo de pasta, me gustan todas" alegué. "Yo igual" cada vez su sonrisa se iba haciendo mayor. Me gustaba eso. "¿Canción favorita?" siguió. "Uf, difícil... Probablemente I Might Be Wrong de Radiohead, aunque creo que no podría elegir" le contesté. "Yo de hecho no tengo canción favorita por eso, porque no puedo escoger solo una" justificó él. "¿Libro favorito?" le pregunté esta vez yo. "El que estabas leyendo esta tarde". "¿En serio?" estaba asombrada. "En serio" verificó. Creo que era demasiada coincidencia que tuviéramos tantas cosas en común. "También es mi libro preferido" añadí yo. "¿Ves? Al final estaremos hechos el uno para el otro" me dijo riendo. No sabía si lo estaba diciendo en serio o era solo una broma, pero yo me lo tomé como esto último y le seguí las risas. 

Nos terminamos las pizzas intercalando más cuestiones de ese tipo. Cuando me dispuse a recoger las cajas vacías sus intenciones fueron las mismas que las mías y nuestras manos se chocaron produciendo una pequeña descarga eléctrica que ambos notamos. "Lo-lo siento" tartamudeé nerviosa retirando rápido mi mano. "No pasa nada" dijo él. "Espera" -me advirtió. Le miré.- "No te muevas" yo me quedé quieta. El deslizó su largo y fino dedo por mi mejilla sin dejar de mirarme fijamente a los ojos. "Tenías una pestaña" explicó. "Ah..." no pude responder más que eso porque ya me hallaba nadando en sus azules iris. Recogió un mechón de pelo y me lo colocó detrás de la oreja, todo sin apartar nuestras miradas ni un segundo. Vi cómo se acercaba lentamente a mi y yo quería morirme en aquellos instantes. Entonces sonó un móvil, el suyo. Se apartó resignado y fue a su habitación, de donde provenía el sonido del tono de llamada. 
Yo me había quedado sin sangre en las venas, mi corazón paró de bombear. Me tomé un momento para asimilar lo que había estado apunto de pasar. ¿Habría dejado que pasara? No sé si quería o no que hubiera ocurrido, la verdad. 
"Dom, joder, que se me ha pasado la hora..." iba diciendo al teléfono cuando llegó al salón para recoger las cajas de las pizzas y tirarlas a la basura. "Sí, ya voy. Adiós" y colgó. Me dirigió una mirada como de disculpa, aunque no sabía bien por qué estaba pidiéndome perdón. "Tenemos que irnos, Emily" me informó. "Oh, está bien" cogí mi móvil y salimos por la puerta sin decirnos nada. 

sábado, 13 de abril de 2013

Supermassive Black Hole - Capítulo 7

Matt se  fue despegando de mi poco a poco. ¿Por qué no podía ser eterno aquel momento? Nos quedamos mirándonos el uno al otro, sin decir nada, simplemente observándonos, y yo me perdí en el azul de sus ojos. Emily, para. "Creo va siendo hora de que me vaya a dormir" dije, no muy convencida. "¿No vas a cenar?" este hombre era peor que mi madre. "No tengo mucha hambre..." contesté yo. "No te muevas" me ordenó.
Yo, confusa, me quedé sentada en la cama viendo como el se marchaba y a los cinco minutos volvía con un sandwich de pavo y un zumo de mango. "¿Pero qué...?" balbuceé al ver aquello. "Toma" me ofreció el plato con la comida. "¿Por qué lo has hecho? No hacía falta..." -aunque la verdad es que tenía muy buena pinta- "Por cierto, muchas gracias". "No hay de qué" y se sentó de nuevo a mi lado viendo como devoraba el emparedado que había preparado. Cuando me lo hube terminado, junto con el zumo, le volví a dar las gracias. 
La intensidad de las acciones nobles que Matt hacía mi se aceleraba a un ritmo de vértigo. El universo definitivamente no estaba a favor de que dejara de sentir algo por este chico. 
"Ahora ya puedes dormir" declaró con una sonrisa triunfante. "Creí que nunca me ibas a dejar" dije con un poco de ironía. "Pero qué tonta" replicó sacudiéndome el pelo. Odiaba que me hicieran eso. "No me llames así" mi tono ahora era serio. "Oh, no sabía que te molestaba. Perdona" se disculpó sincero. "No importa, es solo que no me gusta" aclaré. "De acuerdo. Pues, buenas noches, Emily" una sonrisa volvió a aparecer en su cara. "Puedes llamarme 'Em', si quieres" ¿Qué? ¿Por qué le había dicho eso? 'Em' solo me llamaba la gente con la que tenía verdadera confianza. "Buenas noches, Em" reiteró; y acercó mi cabeza para darme un beso en la frente y se levantó. Un beso en la frente. Como a los niños pequeños... ¿Me verá como a una niña pequeña?
Cuando Matt estaba a punto de salir por la puerta le dije finalmente "Buenas noches, Matt". Este se giró y me sonrió dejando ver su gracioso dientecito y cerró la puerta. 
Me puse el pijama y caí de espaldas a la cama soltando un largo suspiro. Me metí entre las sábanas y cerré los ojos por fin.



Cuando me desperté aún era mi temprano. Odiaba levantarme temprano cuando podía pasarme la mañana durmiendo sin hacer nada. Sí, sé que tengo una mentalidad muy poco productiva, ¿pero qué hay mejor que estar en la cama?
Me negué a salir de allí al principio, pero luego de estar un tiempo dando vueltas sin poder volver a recuperar el sueño desistí y me marché al baño a darme una ducha.
Tras vestirme con algo para andar por casa, unos pantalones de chándal y una sudadera enorme (viva la sensualidad), me dispuse a prepararme el desayuno. Entonces tuve una idea: iba a devolverle el favor de ayer a Matt.
Abrí despacito la puerta de su habitación y miré por el hueco de la puerta. Todavía estaba durmiendo. Se le veía tan indefenso y adorable acurrucado en la cama, con sus dulces ojitos cerrados... Perfecto. Me fui para la cocina, abrí la nevera y cogí huevos, azúcar, leche y harina.

Después de un rato trabajando duramente, conseguí lo que quería: una cantidad considerable de tortitas que, la verdad, tenían muy buena pinta. Quizás mis habilidades culinarias estuvieran mejorando; o tal vez era porque sabía que serían para Matt.
Rocié las tortitas con caramelo líquido, hice un par de tazas de café, me bebí la mía, y coloqué el plato de tortitas con la otra taza en una bandeja.
Llamé a la puerta del cuarto de Matt. No obtuve respuesta, por lo que decidí entrar. Estaba oscuro, apenas entraban unos rallitos de sol por la persiana. Dejé la bandeja en la mesita de noche, me senté al borde de su cama y me acerqué a él.
Respiraba relajadamente y tenía los labios entreabiertos. Se me pasó una cosa por la mente. Fui aproximándome lentamente a su cara, hasta estar tan cerca que podía sentir su aliento en mi nariz. Entonces abrió los ojos de repente.
Me quedé petrificada, al igual que él. Me retiré rápidamente y volví a mi posición original. "Bu-buenos días" farfullé. Mi compañero se desperezó y bostezó un par de veces antes de decirme "Buenos días, Emily" acompañado de una preciosa sonrisa. "Te he preparado el desayuno, para compensarte lo de ayer..." dije mirando al suelo nerviosa y señalando la bandeja que había dejado al lado de la cama. El giró la cabeza para ver a lo que me refería y se quedó asombrado cuando descubrió aquel plato lleno de tortitas. "Dios mío, Emily, así quien tendría que compensarte sería yo, pero por haber hecho tu esto". "No, lo he hecho porque me ha apetecido" -aclaré- "Y ahora come, por favor, o se enfriarán" y le ofrecí la taza de café. El se incorporó quedando sentado en la cama, pero aún metido entre las sábanas y yo le puse la bandeja en su regazo. "Ah, ¿pero no vas a darme de comer tú?" bromeó. Siguiéndole la gracia, corté un trozo de tortita con el tenedor y se lo acerqué a la boca, este la abrió y cuando estaba a punto de darle un bocado, se lo retiré y me lo comí yo mientras me reía. El me siguió. "Qué graciosilla te has levantado hoy, ¿no?", le dio un sorbo al café y tomó un trozó de tortita. Cerró los ojos poniendo clara de placer. "¡Mmmm... madre mía, están riquísimas!" exclamó. "Anda ya, si soy una pésima cocinera" le negué humildemente. "Pues hoy te ha venido la inspiración o algo porque esto está realmente bueno" cogió otro trozo y se lo metió en la boca. "Muchas gracias" y, para variar, toda la sangre de mi cuerpo volvió a concentrarse en las mejillas.

Matt se zampó todo aquello en un abrir y cerrar de ojos y yo me limitaba a mirar como lo hacía. Cuando terminó se ofreció a lavar los platos. Yo acepté porque lo veía justo, aparte, la tarea de la casa que más odiaba hacer era lavar los platos. Salió de la cama y se llevó las cosas para la cocina. Hasta con ese aspecto de recién levantado estaba perfecto, con el pelo despeinado, ojeras y voz ronca. 

Ambos salimos de la habitación, pero yo me fui directamente a la mía, sin decir nada. Ya había hecho la buena acción del día y con eso era suficiente; no podía permitirme relacionarme y ser demasiado amable con él porque sabía que así las cosas por mi mente no mejorarían para nada.

Sábado por la mañana, ¿qué podía hacer? Uno de mis problemas (si es que se le puede llamar así) era que, como no se me daba bien nada, ni dibujaba bien, ni tocaba ningún instrumento, ni era buena en algún deporte... no tenía hobbies y me aburría exageradamente durante estos días en los qué sabes cómo pasar el tiempo.
Después de cavilar un rato opté por mirar en una caja de libros que había traído con mis cosas. Si había una cosa que me gustara hacer de verdad, esa era leer. Crimen y castigo, La metamorfosis, 1984... Y El guardián entre el centeno. Escogí ese último. Me lo mandaron leer hace un par de años en clase de literatura y, antes de acabarlo, ya sabía que iba a convertirse en mi libro favorito, y así fue.
Es que Holden era tan... tan yo. Ambos tenemos ese miedo a crecer, dejar atrás ese mundo de la infancia sin preocupaciones y adentrarnos en el mundo adulto, donde tenemos que tener nuestras propias decisiones. Sí, yo tenía 19 años, pero mi mentalidad se quedó estancada en los 16, creo yo; y, la verdad, no me importaba. Prefería ser así antes que una persona aburrida, seria y madura. Ya maduraría cuando tuviese que madurar, de eso se encargaría la vida por si sola.
Absorta estaba yo filosofando sobre estos temas cuando Matt entró a mi habitación sin ni siquiera llamar, pero no me molestó esta vez. "Venía a decirte que me voy a ensayar para lo de esa noche y que volveré para la hora de cenar. Hasta luego" dijo muy risueño. Y tan pronto como entró, se fue; no me dio tiempo ni a despedirme.
"Volveré para la hora de cenar" Cenar... cenar... cena... ¡mierda, la cena! ¡Era esta noche!

viernes, 12 de abril de 2013

Supermassive Black Hole - Capítulo 6.


Al oír eso (supongo) Charlotte se atragantó con la comida y empezó a toser. Le ofrecí mi Coca-Cola para que bebiera. Cuando se le hubo pasado, dijo con cara de haber visto un fantasma "¡¿Qué acabas de decir?!". "Lo has oído perfectamente. No voy a volver a repetirlo..." no estaba muy orgullosa de haber dicho eso, la verdad. "¿Estás segura, Em? Lo conoces de hace un día". "No es que esté segura, pero es que..." no encontraba las palabras adecuadas. "¿Qué...?" persistía en su intento de sacarme algo de mi cabecita. "Joder, que no puedo dejar de pensar en él" -dije al fin- "Pero es que le odio" continué. Charlotte me miró con cara extraña, "Me estás liando...". "Lo siento, es que no puedo explicarlo" me disculpé y cerré el puño con fuerza debido a la frustración. "Inténtalo, yo puedo ayudarte, Emily" -me cogió de la mano y me sonrió- "¿Qué sientes cuando estás con él?". "Me gusta estar con él, pero me hace parecer que estoy totalmente bajo su control, que me puede manejar cómo quiera... Sin embargo, no quiero irme de su lado" intenté aclararle. "Es raro" fue lo único que respondió ella. "Lo sé..." dije en voz muy baja. "Pues supongo que te estás enamorando de él, por sorprendente que parezca" concluyó finalmente.
Lo malo de la situación era que, esta vez, Charlotte no podía ayudarme, porque nunca ella nunca había estado enamorada, así que no sabía cómo era aquello; lo que hacía que me sintiera desprotegida. Tendría que enfrentarme sola a esto.

Estábamos depositando las bandejas en el contenedor cuando me preguntó "¿Y qué vas a hacer?". "¿Eh?" no tenía ni idea de a qué se refería. "Que si vas a seguir adelante con ello a ver qué pasa" esa frase me asustó. 
Hace apenas una hora no "sabía" que estaba enamorándome de Matt y ni siquiera me había preocupado de plantearme qué hacer, claro. Si continuaba con esto únicamente habría dos finales: o feliz o triste. Y, llámame cobarde, pero no estaba dispuesta a correr el riesgo de acabar mal. "No, ni loca" dije muy tajante."Pareces muy segura" replicó ella. Y ahí acabó la conversación.
Charlotte no volvió a sacar el tema. Se daría cuenta de que no me gustaba hablar de ello demasiado, así que de camino a su casa la charla trató de nuevo sobre Ryan. 
"Llámame si hay alguna novedad" me dijo sonriente apoyada en la ventanilla del coche desde fuera. "Sabes que lo haré" le respondí, y me asomé un poco para darle un abrazo. Nos despedimos con la mano. Cambié esa estúpida emisora de radio Pop, que sonó en el camino de ida, por In Utero. Mucho mejor. Y conduje hasta la residencia de la universidad. 

Eran las cinco de la tarde, ¿estaría Matt en el piso? No tenía intención de comprobarlo. Si no quería que mis sentimientos por él llegaran a más, lo mejor sería verlo cuanto menos tiempo posible. 
Aparqué donde pude, me bajé del coche y miré al cielo: hacía un tiempo estupendo para pasarlo al aire libre. Entonces decidí coger mis cascos y mi iPod y sentarme en el césped del campus, a la sombra de un roble.
A esas horas no había mucha gente por allí, apenas algunos estudiantes de primer año, que éramos los que empezábamos las clases la semana siguiente. El resto se habrían ido a sus pueblos a ver a sus familias, o tendría cosas mejores que hacer que pasar el rato tumbados en la hierba, como yo. 
Radiohead me tele-transportó a otro mundo. Cuando abrí los ojos me di cuenta de que el sol estaba prácticamente desapareciendo en el horizonte. Mierda, me he quedado dormida. Bueno, en verdad eso no era tan malo, así se me había pasado la tarde sin darme cuenta y ya era casi la hora de cenar. 
Me levanté del césped y me fui para el apartamento sin más remedio. 

Cuando abrí la puerta me encontré sentado en el sofá a un muchacho que no había visto nunca. Tenía el pelo muy rubio y corto, era un poco regordete, pero lo justo para parecer mono, y unos ojos azul-grisáceos adornaban su cara. 
"¿Hola?" fue lo primero que dije, extrañada al ver a aquel desconocido en mi casa. "Hola" -me saludó dejando ver una sonrisa perfecta- "Tu eres Emily, ¿no?". ¿Quién era esa persona? ¿Por qué estaba en mi casa? ¿Y por qué sabía mi nombre? "Sí, ¿y tu eres...?". "Soy Dominic, un amigo de Matt" -ese gesto de felicidad no se borraba de su rostro- "Está en la ducha. Por cierto, me ha hablado mucho de ti". ¿Que le había hablado mucho de mi? Pero si casi no me conocía, ¿qué iba a contarle? "Me ha dicho que vendrás a vernos mañana a la batalla de bandas". O sea que este Dominic tocaba en Muse. "Ah, ¿tu también tocas en su grupo?" estúpida pregunta la que hice. "Sí, soy el batería". "Veo que ya os conocéis" dijo Matt cuando apareció. Solo llevaba unos pantalones vaqueros puestos. Me quedé estupefacta mirando su torso desnudo y su pelo, aún húmedo. "Sí" afirmó Dominic. "¿Dónde has estado toda la tarde?" me preguntó Matt mientras se sentaba al lado del batería. ¿Qué le importaba a él donde había estado? "Con una amiga" le contesté fríamente. Y me dirigí a mi habitación cabreada. "Uf, no me dijiste que era tan borde" oí decir bajito a Dominic. Entonces di un portazo.

Encendí una vela y me tumbé en la cama. Por alguna razón me entraron ganas de llorar. Me abracé a la almohada lo más fuerte que pude.
Odiaba esta estúpida, innecesaria e incompresible emoción que me hacía parecer una gilipollas Le odiaba a él porque era el culpable; y me odiaba a mi por dejar que esto pasase, ¿pero acaso podía controlarlo? Cada vez lo veía más difícil. Lágrimas con sabor a impotencia resbalaron mis pálidas mejillas.
Llamaron a la puerta. Mierda. Me sequé la cara tan rápido cómo pude. "Pasa" dije con voz ronca. Era Matt. Este se quedó mirando extrañado el ambiente lúgubre de mi habitación en aquellos momentos. "Venía a disculparme por lo que dijo Dom antes" dijo sentándose a mi lado en la cama. "No es culpa tuya, no tienes que disculparte. Además he de reconocer que sí que fui un poco áspera" admití. Se me quedó mirando unos segundos para después decir "¿Has... estado llorando?". "No" le mentí. "Esos ojos rojos solo pueden ser de dos cosas: o te has fumado un porro o has estado llorando; y yo aquí no huelo a maría" a pesar de que lo dijo en tono serio no pude evitar soltar una risita. Era la primera vez que me hacía reír; y puedo decir que era la mejor sensación del mundo. "¿Vas a decirme por qué?" preguntó amable. Por ti, imbécil de mierda. Porque te odio pero tengo ganas de besarte al mismo tiempo. ¿De verdad había acababa de pensar eso? ¿Tenía ganas de besarle? Me quedé mirando sus labios sutilmente: eran tan perfectos. Creo que se dio cuenta. "¿Emily?" vale, quizás no los miré de una manera tan sutil. Dije lo primero que se me pasó por la cabeza: "Es que echo de menos a mis padres". No había quien se creyera eso, sin embargo él lo hizo. "Oh... Es normal que los eches de menos, el primer año fuera de casa es duro, pero tienes que ser fuerte y pensar que pronto los vas a volver a ver, y distraerte para no caer en eso" me animó sonriente. "Sí, gracias" le dije devolviéndole la sonrisa."Ven aquí" y abrió los brazos. ¿Qué? ¿Quería abrazarme? Yo hice lo correcto: me acerqué a él y me pegué a su cuerpo. Él me rodeo con sus brazos y yo me hundí en su pecho. Inspiré hondo. Olía tan bien... Podía oír los latidos de su corazón relajaos. Me quedaría así para siempre. Matt me apretó más a él. Retiro lo dicho anteriormente sobre lo de que me hizo reír; esta, sin duda, era la mejor sensación del mundo. 

Supermassive Black Hole - Capítulo 5.


De camino a McDonalds Charlotte me estuvo contando qué fue de ella en esta última semana. Se había enterado de que el chico con el que salía desde hacía dos meses, Ryan, le había engañado con Mia Adams, su vecina. Sí, sonaba un poco patético que tu novio te engañe con su vecina.
Se los encontró, digamos, en una situación bastante comprometida, y ella, obviamente, le dejó. Pero no estaba muy dolida, al menos no lo parecía. No es que Charlotte fuera una chica "ligera de cascos", simplemente podía permitirse estar con casi cualquier chico. Que no se hubiera enamorado aún de ninguno no era su culpa. A decir verdad, yo tampoco me había enamorado de nadie. Si que me habían gustado chicos, pero tan solo eso. El amor me parecía algo demasiado abstracto y extraño para mi, a pesar de considerarme yo misma como una persona excéntrica.
 Es que no me veía capaz de llegar a sentir algo tan fuerte como eso por alguien; y de hacer o decir todas esas cosas que se supone que se hacen o se dicen cuando estás enamorado. Como mandar mensajes cursis, poner motes empalagosos, pasarte las noches del fin de semana con esa persona viendo películas abrazados en el sofá... Nunca me había llamado la atención nada de eso. O quizás era porque no había encontrado a la persona correcta, como solía decir mi madre. 
Ni siquiera sé qué es lo que se supone que tienes que sentir cuando estás enamorado. Quiero decir, ¿simplemente se sabe? y si es así, ¿cómo te das cuenta de ello? 
Todos esos interrogantes me traían dolor de cabeza, por eso simplemente le daba de lado a los sentimientos. No creo que sea muy bonito sentir, no lo digo por experiencia propia, pero sí que he vivido con Charlotte muchas de sus rupturas, y la mitad de ellas no fueron buenas. Lo pasó muy mal y yo siempre estuve ahí para consolarla y, sinceramente, no me gustaría acabar así por alguien. Pienso que no merece la pena pasar por ello. 
De repente la imagen de Matt me vino a la cabeza. 

"Ahí hay un hueco. Creo que puedes aparcar perfectamente" me avisó mi amiga. "Bájate y me indicas, por favor" le pedí. Ella obedeció y desde fuera del coche me hizo señas para que aparcara lo mejor posible. "¿Y qué es de tu vida? ¿Te gusta Exeter?" me dijo cuando me hube bajado del vehículo y nos dirigíamos al interior del establecimiento. "La verdad es que no he tenido mucho tiempo para explorarla, apenas llevo dos días allí" -le contesté- "La única novedad es que tengo un compañero de piso". "¿En serio? Yo creía que los apartamentos eran individuales, vaya...". "Sí, yo también lo creía, hasta que entró Matt por la puerta" me reí de forma nerviosa al decir aquello. Ni siquiera sabía por qué había dicho su nombre así de repente, no tenía por qué. "Así que se llama Matt... y qué, ¿está bueno?" preguntó con cierto tonito. "Sí... No..." -me empecé a sonrojar- "¡No sé!". "Uy... Dime al menos cómo es, vamos, ¡necesito detalles!". "¿Qué van a tomar?" interrumpió la cajera. Sentí un alivio tremendo al dejar la conversación en pausa. Estaba empezando a ponerme nerviosa y no me gustaba nada. 

Cuando pedimos y recibimos nuestra comida buscamos una mesa para sentarnos. "Emily, que no te vas a librar de mi: dime cómo es" insistió Charlotte con una sonrisa mientras me robaba una patata. "A ver, no es muy alto, tiene el pelo oscuro y liso, está bastante delgado y..." mi mente voló por un segundo pero mi mejor amiga me sacó de aquel trance inmediatamente "¿Y...?" reiteró. "Y tiene unos ojos preciosos...". "Em, conozco esa mirada, esa cara" dijo ella observándome muy seria y fijamente. "¿Qué cara?" no tenía ni idea de qué hablaba. "Tu cara. Es cara de me gusta Mark" dijo convencida. "Es Matt" le corregí. "Eso, Matt. Que te gusta". "No" contesté rotunda. "Que no me lo niegues, llevo toda una vida contigo y sé perfectamente cuando te gusta alguien". "Charlotte, no es eso...". "¿Qué quieres decir?" preguntó ella llena de curiosidad. "No sé. No lo sé ni yo... Pero si me gustara sabes que te lo habría dicho. Siempre te cuento cuando me gusta alguien". "¿Que no lo sabes ni tú? Pero, eso quiere decir que sientes algo aunque no sepas el qué, ¿no?" esta Charlotte, siempre tan acusadora. No contesté porque no sabía qué decir. 
Le di un sorbo largo a mi Coca-Cola. Ahora me había hecho pensar. Estaba tan sumamente confusa conmigo misma que me daban ganas de estrangularme. Charlotte sabía que estaba cavilando algo en mi cabeza, así que no me presionó para seguir hablando. Eso es lo bueno de tener una amiga como ella, que siempre sabe cuándo debe y no debe hablar. Finalmente decidí analizar las cosas paso por paso mientras me comía mi hamburguesa con queso.
¿Me atraía Matt? Estaba claro que sí, de eso estaba casi segura. No era un tío musculoso, es más, estaba bastante escuchimizado, pero a mi nunca me gustaron los típicos "tíos buenos"; tampoco es que su cara irradiara belleza (exceptuando sus ojos), pero tenía 'algo'. Algo que no sabía qué era. Algo que hacía que no pudiera apartar la vista de él. Algo que me gustaba. Me gustaba
No, era más que eso. Lo sabía porque lo que me pasaba con él nunca me había ocurrido con ningún otro chico. Pero lo más me atormentaba es cómo podía pensar así de alguien al que apenas conocía. No lo entendía, era incomprensible para mi y el no poder descifrar aquella incógnita era lo que originaba que le odiase en cierto modo.
Que no supiera cómo influía en mi de esa manera, cómo hacía sentirme débil e intimidada en su presencia,  pero que a la vez no quisiera alejarme de él... ¡Detestaba todo eso! ¡Y me encantaba a la vez! Era una especie de masoquismo. Quizás esto es lo que se debe de sentir...

"Charlotte, creo que me estoy enamorando de Matt" solté decidida de repente.

Supermassive Black Hole - Capítulo 4.


La luz del sol que entraba por la ventana iluminaba toda mi habitación. Cuando abrí los ojos lo primero que hice fue mirar el reloj: 11:35. Él ya debía de estar en clase. Míralo por el lado bueno, así no te ve con la cara de muerta de todas las mañanas. Eso no era suficiente consuelo para mi.
Resignada me levanté de la cama y fui a la cocina a prepararme el desayuno. Cogí un bol y lo llené de leche y cereales. Me lo llevé al salón y me senté a comérmelo en el sofá.
Encendí la tele. No... No... Esto tampoco... Mierda... Más mierda...  "¡Este sábado batalla de bandas en Teignmouth..." -Eh, espera- "...contaremos con la presencia de Muse..." me quedé mirando a uno de los chicos que acaba de aparecer en el televisor. Era Matt, estaba segura de que era él. O sea que su banda se llamaba Muse...
Oí abrirse la puerta principal. "Buenos días" -dijo Matt mientras entraba. Miró su reloj- "Más bien tardes ya" soltó la mochila en una silla. Dios, había llegado antes de lo que me esperaba y yo ni me había peinado, vestido decentemente o lavado la cara. "¿Qué haces aquí? ¿No tenías clases?" le pregunte arreglándome un poco el pelo tan rápido como pude. "Sí, pero los viernes solo tengo hasta las 12:00" se sentó junto a mi en el sofá. "Acabo de verte en la tele" le dije como si de un famoso se tratase. "¿Ah sí?" parecía sorprendido. "Sí, en el canal de la tele local anunciaban la batalla de bandas y acabo de enterarme de que la tuya se llama Muse". "Así es. Vendrás, ¿no?" se le veía emocionado. "Sí, tengo ganas de ver cómo tocáis" le contesté sincera. "Genial" dijo con una sonrisa de oreja a oreja. "¿Te apetecería que cenásemos antes del concierto?". ¿Qué? ¿Me estaba pidiendo salir? "Tranquila, será algo informal" ese gesto risueño aún permanecía en su cara. "Eh... No sé si..." tenía que pensármelo, apenas le conocía y me había pedido que cenásemos juntos... Aunque teniendo en cuenta que era mi compañero de piso y que podría cenar con él todos los días, no parecía tan raro. "Bueno, está bien" accedí al final. La verdad es que tenía muchas ganas. Y miedo. También tenía miedo.
Empecé a sentirme incómoda con su presencia y me levanté del sofá para ir a mi cuarto. ¿En qué te estás metiendo, Emily?

Cerré la puerta y no me moví un paso; me quedé apoyada con la cabeza hacia atrás y empecé a deslizarme hacia abajo. Acabé sentada en el suelo.
Estar con este chico, aunque solo sean 5 minutos, agota. Agota mental y psicológicamente. Es tan superior a mis fuerzas... Hace que tenga que contenerme... algo... No sé bien el qué.
Apenas 24 horas después de conocerlo no podía dejar de pensar en él. En sus ojos, ¡esos ojos!, en su sonrisita traviesa, en esas pintas desenfadadas que daban la sensación de que nada era demasiado importante... Matt hacía que me olvidara del resto del universo cuando estaba con él, y eso me encantaba.

El póster de Pink Floyd que tenía sobre mi cabeza se me cayó encima.  Empecé a frustrarme horriblemente por toda la situación general y llegué a la conclusión de que necesitaba distraerme como fuera, y no había nadie mejor para conseguir eso que Charlotte Nesbitt.

Conozco a Charlotte desde que tengo uso de razón. Pasamos toda la primaria y la secundaria juntas y jamás, jamás, nos peleamos ni una sola vez. Ella era la típica chica perfecta con la que todo chico querría estar. Era alta, delgadita y con curvas, unos pechos no muy voluminosos, cabello largo y ondulado de color miel y ojos grises-azulados.
Charlotte me enseñó cómo gustar a los chicos (aunque nunca llevé esos 'trucos' a la práctica), cómo defenderme de los insultos de las tías populares de la escuela, qué debía y no debía decir para parecer guay... Ese tipo de cosas que aprendes de tu mejor amiga. En definitiva, me enseñó a madurar.
Se le daban especialmente bien los deportes, por lo que en las clases de gimnasia siempre la escogía a ella de pareja. Recuerdo una vez en la que teníamos que hacer un baile por parejas y me obligó a hacer de chico porque quiso tener más nota que yo, pero no me importó. Aunque dónde más destacaba era en matemáticas. Nunca sacó menos de un 8'5 en un examen de esa asignatura. Supongo que por eso decidió estudiar esa carrera. Ella no empezaba las clases hasta dentro de dos semanas, así que aún seguía en la ciudad. 
Cogí mi móvil y marqué su número. A los cinco segundos contestó: "¡Ah, Em, ya creía que te habías olvidado de mi!" su tono denotaba euforia, pero ella siempre era así de exagerada hablando. Y no hacía tanto que no la llamaba, de hecho hace una semana fue la última vez que la vi. "¿Cómo voy a olvidarme de ti? Sabes que sería imposible teniendo en cuenta lo pesada que eres" me reí. Y es que era verdad, Charlotte podía llegar a ser muy pesada. "Yo también te quiero, eh" dijo fingiendo haberse ofendido por mi comentario, pero acto seguido empezó a reír conmigo. "Ay, bueno, te llamaba por si querías almorzar conmigo hoy, ya que todavía sigues en Devon, si no me equivoco". "Sí, aún estoy aquí y sí, me encantaría almorzar contigo. No sé ni para qué preguntas, podrías haberme recogido y punto, sabes que iría contigo" me encantaba lo espontánea que era. Yo siempre había querido tener esa virtud y no ser tan tímida. "Vale, vale" -reí- "¿Te recojo a eso de las dos?". "Perfecto" -contestó ella- "Ponte guapa para mi" no la estaba viendo, pero sabía que en el momento en que me dijo eso guiñó un ojo. Simplemente lo sabía. "Lo intentaré" -era muy difícil parecer una belleza al lado de Charlotte- "Bueno, luego nos vemos" me despedí. "Sí, hasta luego" y colgué. 

Que me pusiera guapa, dice... Eso era bastante complicado en mi, teniendo en cuenta que yo era una chica bastante (por no decir demasiado) normal, y que mi ropa se parecía más a la de un chico que a la de una chica. De hecho creo que más de la mitad de mis camisetas son de la sección de hombre. Apenas tengo un vestido, el que llevé en mi graduación, y no hablemos de zapatos de tacón, porque en mi armario de eso no existe.
Acabé por escoger una minifalda vaquera, una camiseta de tirantes de color lila y unas sandalias. Eso era lo más '"elegante" que podía ir. Y me dirigí al baño para darme una ducha.
Matt ya no estaba en el salón y la puerta de su habitación estaba cerrada, por lo que estaría ahí dentro. Suspiré de alivio, ya que no quería encontrármelo y tener que hablar con él, volver a sentirme incomoda y darme de cabezazos contra la puerta de mi cuarto.
Una vez duchada me vestí, cogí las llaves de mi coche y me largué de allí. No sé si tendría que haberle dicho a Matt que me iba, pero aún así no lo hice.

Aparqué frente a la casa de Charlotte y toqué la bocina. Su casa bastante grande aunque ella solo vivía con su madre, porque sus padres se separaron cuando tenía 11 años. No le gustaba hablar de ello así que yo nunca sacaba el tema.
Aquella puerta blanca se abrió y apareció Charlotte, tan radiante como siempre. Llevaba un vestido de gasa blanco, muy veraniego a pesar de que estábamos a mediados de septiembre, y unas sandalias atadas a los tobillos con un lacito. La verdad es que me daba mucha envidia que fuera tan perfecta, pero no era de esa envidia mala, si no del otro tipo, de esa que hace que sientas admiración por alguien, más bien.
Abrió la puerta del coche y se sentó en el asiento del copiloto. Puso una emisora de radio donde daban música Pop. Siempre lo hacía cuando se subía en mi coche. En ese aspecto no me gustaría ser como ella; he de reconocer que mi gusto musical era mejor que el suyo.
La miré y las dos dijimos al unísono "¿Al McDonalds?" y nos empezamos a reír a carcajadas. A pesar de que ella era una chica relativamente sofisticada, le encantaba comer ese tipo de comida basura; y a mi, ni que decir tengo, también. Arranqué el coche de nuevo y nos dirigimos hacía el burguer.

Supermassive Black Hole - Capítulo 3.


Cogí un pañuelo y me sequé las mejillas. Estaba atónita. No quería volver a acercarme a aquel ser que producía en mi tan extrañas emociones, pero no podía evitarlo porque me sentía atraída a él como una polilla a la luz. Y como polilla que era, al final acabaría quemándome.

Me metí en la cama a pesar de que eran las seis de la tarde. No cené; no tenía hambre. Acabé por dormirme, no sé bien a qué hora; dejé de mirar el reloj a eso de las 20:00.
Cuando abrí los ojos debía ser muy de madrugada.
El estómago rugió, así que me quité las sábanas de encima y me calcé las zapatillas de andar por casa. Entonces me di cuenta de que aún seguía vestida con los vaqueros y la camisa, ni siquiera me había puesto el pijama. Aplausos a mi. Abrí el armario y tomé unos pantalones cortos de color azul celeste y una camiseta enorme que hacía publicidad de alguna tienda de barrio. Mi estómago volvió a llamar la atención. Ya voy.

Apenas me bebí un vaso de leche con un par de galletas. Cuando volvía a mi habitación me fijé en que la puerta del cuarto de Matt estaba entreabierta, y que se veía luz en el interior. ¿Qué hace despierto a estas horas? Me lo pensé un par de veces, cogí valor y finalmente decidí llamar."¿Matt, ¿estás durmiendo?" pregunte en voz baja. "No, ¿querías algo?" esta vez su voz no sonaba como siempre. Esta vez parecía fría y distante y yo me sentía culpable de ello. "¿Puedo pasar un momento?" no podía estar más avergonzada. No me contestó; él mismo me abrió la puerta y me dejó pasar.
Llevaba unos pantalones de pijama grises que le quedaban un poco grandes y una camiseta roja lisa. Estaba muy serio; casi daba miedo. Me quedé quieta mirándole sin saber bien qué decir. Él no hablaba, solo tenía clavada en mis ojos su mirada. No, sus ojos. No... Empecé a ponerme muy nerviosa. Las manos me temblaban y sentí un sudor frío en mi nuca. Me olvidé de cómo hablar en ese momento. "¿Emily?" por fin dijo Matt. "¿Eh?" -articulé- "Oh... A ver... Quería pedirte perdón por lo de esta tarde... No sé bien qué me ha pasado. Te juro qué no sé por qué me puse así... Nunca me había ocurrido eso..." dije con voz agitada. Es que cuando me tocas es como si me quemara y me congelara a la vez. "Bueno, supongo que no importa. Gracias por disculparte" dijo sonriendo un poco. Parece que ya estaba de mejor humor. Menos mal. "Pero, ¿qué haces despierta tan tarde?" su tono ya sonaba más amable. "Pues me levanté a por algo de comer" -me sonrojé- "Ni siquiera sé qué hora es". "Son las cuatro de la madrugada". "¡¿Tan tarde es?! Dios mío..." -me froté los ojos y ahogué un bostezo- "¿Y tú qué hac-" antes de terminar de decir aquello miré a su escritorio y vi un dibujo a medio acabar. Era una chica: pelo castaño y liso que le caía por los hombros, ojos verdes, mofletes regordetes, pecas... Era yo.

Cuando Matt se dio cuenta de que estaba mirando aquel boceto lo apartó de mi vista. "Oye, no pienses que yo..." se excusó guardando el papel. "¿Estabas dibujándome?" No sabía cómo tomarme aquello, si como una muestra de aprecio o como un signo de acoso. La verdad, no me molestaba si era alguna de las dos. "Es para un trabajo de arte. No sabía qué dibujar y te escogí a ti" esta vez no me miraba a los ojos, supongo que por vergüenza, pero parecía sincero. "¿Y por qué a mi?" necesitaba saberlo. ¿Por qué, Matt? ¿Por qué yo? "No sé, me llamaste la atención en cuanto te conocí y me apeteció dibujarte" ahora sus ojos azules sí estaban en contacto con los míos. Esa respuesta me pilló por sorpresa. Que le llamé la atención. ¿Qué significa eso? ¿Es bueno? ¿Es malo? Mis mejillas... "Te has... puesto colorada" me dijo riendo. "¡¿Qué?! ¡Calla!" y me tapé la cara con las manos. Odio ser tan pálida por estas cosas. Y Matt seguía riendo. No sé qué le hacía tanta gracia. "Oh, vamos, ¡deja de reírte de mi!" le dije golpeándole suavemente en el brazo. "¡Eh!" -se burló- "Va siendo hora de que te vayas a la cama, ¿no?". "No, me has quitado el sueño" -y era verdad, ahora no podría dormirme sabiendo que el estaría despierto pintándome- "Además quiero saber por qué me estabas dibujando a MI". Se quedó pensando unos segundos,  sacó de nuevo el dibujo y lo miró detenidamente. "Bueno, ¿sabes qué es eso que te pasa cuando recién ves a alguien y te entran ganas de conocer a esa persona mucho y muy a fondo?" Mucho y muy a fondo. Sí, Matt, sé muy bien cuál es esa sensación. "Oh..." fue lo único que pude articular. Y me quedé con la boca medio abierta y mirando el dibujo. Estaba tan bien hecho, con unos trazos tan bien delineados... Era perfecto, no como yo. "Ya te lo he dicho" eso sonaba a una indirecta para que me largara de allí, pero no lo dijo de mala gana. "Oh, perdona" dije agachando la cabeza. "No te preocupes, es solo que voy a dormir ya porque mañana tengo clase". Acababa de darme cuenta de que el tenía las clases por la mañana y yo por la tarde, lo que significaba que apenas nos veríamos por la noche. Esa idea no me gustaba nada.

"Bueno, espero que te pongan buena nota en el dibujo" le dije con una sonrisa. "Seguro que sí, no hay más que ver a la modelo" me respondió. Si mis mejillas pudieran ponerse más rojas, lo habrían hecho. El sonrió. Nos quedamos un instante mirándonos sin saber bien qué decir o hacer. "Buenas noches, Emiliy" se acercó a mi y me besó dulcemente en la mejilla. El contacto de sus labios húmedos con mi piel hizo que el vello de mis brazos se erizase. Sentí un vuelco en mi corazón. Me quedé paralizada. Ni siquiera le respondí, salí de la habitación con los ojos como platos y automáticamente entre en mi cuarto y me metí en la cama.

No era posible que una persona que conocía de hace menos de un día me hiciera sentir así. ¿Qué me estaba pasando? Algo me hacía querer averiguarlo, y si para ello tenía que adentrarme en el mundo de Matt, por supuesto que iba a hacerlo. Cerré los ojos y por fin me dormí.

Supermassive Black Hole - Capítulo 2.

"¿Tienes clase esta tarde?" me preguntó cuando estaba abriendo la nevera en busca de un yogur. "Qué va. Empiezo las clases el lunes que viene". "Ah, genial. Entonces pasa la tarde conmigo y vemos una película" me dijo. Sonó casi como una orden. ¿Por qué me trataba de esa manera? No me gustaban nada esas formas. Apenas desconocía mi existencia hace unas horas y ya me hablaba así. "Eh... Creo que no" le respondí cortante. "¿Puedo preguntar por qué?" Lo acabas de hacer, imbécil. "Pues porque estaré en mi habitación haciendo... no sé. Cosas". le contesté tan borde como pude y creo que captó la indirecta. Y antes de que pudiera volver a decir algo más cerré la puerta de mi habitación con un portazo.

Este chaval... ¿qué coño se ha creído? No quiero que me trate así, pero es tan... enigmático y encantador de alguna manera... Te dan ganas de odiarlo y quererlo a la vez, ¿acaso es eso posible? Sacudí la cabeza para que esos pensamientos se esfumaran de mi mente. Bueno, se supone que había ido a mi habitación a hacer algo, ¿o a huir de Matt? Ah, solo decir su nombre en mi mente me causaba una extraña sensación que se apoderaba de los nervios de mi estómago. Emily, por favor, es un puto tío, como otro cualquiera. Deja de darle vueltas al asunto. Y eso me propuse hacer: encendí el portátil y me puse a escuchar A Kind of Magic de Queen. Me tumbé bocarriba en la cama, con las manos en la nuca y cerré los ojos para disfrutar de la música. "Toc-toc". Era Matt. ¡Era él otra vez! ¿Cómo podía ser tan pesado? Me hice la sorda y seguí en mi mundo hasta que abrió la puerta. Ahora sí que me había enfadado. Nadie entra en mi habitación así porque sí, y menos un casi desconocido. "¿Se puede?" me dijo asomando la cabeza por la puerta. "Pero si ya has entrado, ¿para qué preguntas?", esta vez parece que sí que se dio cuenta de mi humor. "Oh... Siento si te he molestado solo quería... Solo iba a decirte que a mi también me gustaba Queen" esas palabras captaron mi atención. Si le gustaba la misma música que a mi no podía ser tan mal chico. Tal vez podría darle una oportunidad, olvidar la primera impresión y empezar de cero. "¿Ah sí?" le pregunte con mucha curiosidad. Quería comprobar si era verdad o solo estaba tirándose un farol. "Sí. Además toco en un grupo de rock y eso. Si te gusta ese tipo de música podrías venir a vernos; tocamos este sábado en la batalla de bandas" oh Dios mío, esto sí que era interesante, ¡toca en una banda! "Vaya, eso es genial. La verdad es que sí, me gustaría ir" muy bien, Matt, tu ganas (por ahora), pero porque no tengo nada que hacer el sábado por la noche... "Bueno, no te molesto más..." dijo cerrando la puerta. "¡No, oye, espera!" y me incorporé de la cama. "¿Sí?". "Pasa si quieres. Podemos... charlar" fue pronunciar aquello y mis mejillas empezaron a tomar color. "Guay" dijo con una sonrisa mientras entraba en mi habitación.

Ese muchacho de proporciones perfectas y ojos de infarto se hallaba sentado en la silla de mi escritorio, frente a mi, que estaba sentada en la cama, mirándome fijamente, casi acusador. Aquella sensación volvió a apoderarse de mis órganos internos. Me dio un escalofrío. ¿Cómo podía hacer él que me sintiera así tan solo con su presencia? Me daba miedo. Pero de ese miedo que en el fondo te gusta, ese que incluso puede llegar a ser placentero. Me aclaré la garganta, "¿Y qué instrumento tocas?" le pregunté sin mirarle. No podía, porque probablemente quedara hipnotizada  "La guitarra eléctrica, ¿tu tocas algo?" ¿pero por qué no dejas de mirarme, Matt?. "Qué va. Soy demasiado torpe e inconstante como para aprender a tocar un instrumento". Me sentía tan débil a su lado, tan pequeña, tan insignificante... Es como si él tuviera todo el control sobre mi con solo mirarme o decir una palabra. ¿Qué estás haciendo conmigo? "Yo puedo enseñarte si quieres. Espera" y antes de acabar la frase se levantó y salió de mi habitación. A los 10 segundos volvió con una guitarra eléctrica de color naranja con cinta aislante negra en los bordes. Qué chico más raro. "Ya puedes aprender" me dijo ofreciéndome coger aquel instrumento. "Uy... no sé yo... Ya te he dicho que soy extremadamente torpe. No quiero romper la guitarra ni nada" definitivamente era lo último que quería que pasase. "Anda ya. Toma" y me cogió la mano para darme la guitarra. Una punzada traspasó mi corazón en aquel instante y noté como la sangre fluía por mis venas con más velocidad de la normal. "¡NO!" le grité. Matt tenía los ojos como platos. Se alejo unos pasos de donde yo estaba. "Eh, lo siento Emily. No quería..." -estaba confuso- "esto... adiós..." y salió veloz de la habitación cerrando la puerta tras su paso.

Me quedé quieta sentada al borde de la cama, con la vista mirando a ninguna parte y mi mente en blanco. No sé cuánto rato pasó hasta que volví en mi. ¿Qué había pasado? ¿Por qué había hecho eso? Estaba tan frustrada que la ira se convirtió en lágrimas. Mierda. Este chico... Este chico estaba logrando lo que nunca nadie antes había logrado hacer en mi. La mezcla de emociones que sentía y la multitud de pensamientos diferentes que tenía en la cabeza era indescriptible. Ni yo misma sabía qué me estaba ocurriendo... Solo conocía el culpable: Matthew.

Supermassive Black Hole - Capítulo 1


Me desperté más temprano que de costumbre, no sé bien por qué. Quizás porque era el primer día de universidad y estaba nerviosa, más que nada porque no conocería a nadie allí; todos mis amigos habían elegido otras universidades para estudiar y yo escogí la de Exeter.

Definitivamente salí de la cama y me dirigí al baño para darme una ducha rápida. Me vestí: unos vaqueros, camisa y Converse negras. Cuando bajé al comedor el desayuno ya estaba listo. La mesa estaba llena de dulces, galletitas, tostadas, una jarra de zumo de naranja recién hecho y dos tazas de café. "Mamá, sabes que soy incapaz de comerme todo esto, ¿no?". "Emily, necesitas fuerzas para tu primer día" me respondió mi madre quitándose el delantal y colocando unas servilletas en la mesa. Mi madre es la típica madre sobreprotectora que sigue mimando a sus hijos aunque tengan 19 años, como es mi caso. Y no podías discutir con ella si llenaba una mesa de comida riquísima, así que me dispuse a empezar por las tostadas. "Cielo, ¿has comprobado si lo llevas todo en la maleta?" preguntó mi padre, desde el pasillo. "Sí, papá, unas ciento cincuenta veces". Mis padres no ayudaban a que mis nervios se aplacasen, la verdad. Después de comerme un par de magdalenas y una taza de café, cogí la maleta, le di un beso y un abrazo a mi madre "Cariño, te vamos a echar de menos, que lo sepas... Estudia mucho y pásalo bien" dijo secándose una lagrimita que resbalaba por su mejilla. "Oh, vamos mamá, no te pongas así o me harás llorar a mi también" le dije rodeándola con mis brazos. "Ven aquí, papá" él se acercó y me besó en la frente. "Os quiero" me despedí sonriente mientras tomaba las llaves del coche y cerraba la puerta. Guardé la maleta en aquel viejo Ford y encendí el motor. Nevermind de Nirvana me acompañó durante el trayecto al campus.

Aparqué como pude cuando por fin encontré una plaza en aquel atestado parking. Cogí mi equipaje y me paré un momento para ver a lo que me enfrentaba. Había tanta gente yendo y viniendo de un sitio a otro, grupos de amigos sentados en el césped fumando, jugando a las cartas... Respiré hondo y caminé hacía el hall principal. Aquí había incluso más gente que fuera del edificio. Busqué el tablón de anuncios para ver qué habitación me había tocado: la 505. Saqué del bolsillo mi pequeño plano arrugado y me dispuse a encontrar mi cuarto.

Tras preguntarle a un par de personas por fin llegué a la que sería mi estancia ese curso. Abrí la puerta. No estaba mal: un salón decentemente amplio con televisión, un sofá y un sillón, una mesa y tres sillas en el comedor, la cocina bastante grande, un baño y... ¿dos habitaciones? No tenía ni idea de que compartiría habitación con otra persona... Espero que no sea un chico, espero que no sea un chico... repetía para mis adentros mientras desempaquetaba mis cosas. No quería tener un compañero que me viera con ojeras todas las mañanas, que se quejara cuando yo estuviera 'en esos días del mes' y todos esos rollos. No.

Suspiré cuando hube acabado de colocarlo todo: mis pósters detrás de la puerta y en la pared, mi ropa en el armario y mis cosas en el baño. Me rugió la barriga. Ahora es cuando te echo de menos, mamá. Yo, a diferencia de mi madre, tenía unas dotes nulas para la cocina, así que me preparé para almorzar algo fácil: pasta. Y quedé bastante satisfecha con el resultado. Me llevé el plato al salón y empecé a comer.

Estaba deleitándome de aquel sabroso manjar (aunque esté mal que yo lo diga), cuando oí que se abría la puerta y giré la cabeza para ver quién era. Un chico muy delgado y no muy alto cruzó el umbral. Tenía el pelo liso y negro, las facciones de la cara muy marcadas y los ojos más azules que he visto en la vida. Algo me hacía no poder apartar la vista de él. El ruido que hizo el tenedor al caer al suelo me sacó de mi ensimismamiento. El muchacho lo recogió por mi. Parpadeé dos veces para bajar a la tierra. "Toma" me dijo dándome el cubierto. "Supongo que tu eres mi compañera. Por cierto, yo soy Matt" dijo con una sonrisa que me dejó ver que tenía un diente algo torcido, pero que no hacía que fuera menos bello. Tomé el tenedor y al rozar sus dedos con los míos un escalofrío me recorrió el estómago. Tragué saliva. "Yo soy Emily" le dije sin dejar de mirarle a los ojos. "Podrías haberte esperado para comer y así disfrutábamos de un almuerzo juntos, que podríamos aprovechar para conocernos, ¿no?" me dijo mientras dejaba la maleta en su habitación. "N-no tenía ni idea de que iba a tener un compañero y menos de cuándo iba a llegar... Lo siento" me disculpé como pude y sentí que mis mejillas se enrojecían. "Es broma, tonta, no te lo tomes tan en serio" respondió tirándose al sofá de espaldas, como si estuviera en su casa. ¿Qué confianzas se estaba tomando? ¿Me había llamado 'tonta'?, ni que me conociera de toda la vida. Seguí comiendo mi plato de espaguetis sin ni siquiera mirarle, porque ya estaba lo suficientemente nerviosa con su presencia en el cuarto. "¿Y qué estudias?" esa pregunta me pilló por sorpresa y me atraganté con la comida. Empecé a toser y a sonrojarme. "Eh, eh, oye, ¿estás bien?" se levantó de sofá y se acercó a la mesa. "S-sí..." dije tras darle un sorbo al vaso de agua. "Oye, sé que no te agradará la idea de vivir conmigo porque pensabas que ibas a estar sola. Siento haberme comportado así antes. Supongo que necesitas tu espacio y tu tiempo para que nos llevemos bien... Porque me gustaría llevarme bien contigo" me dijo serio y clavando su mirada en mi. " No, no es eso. Es solo que... Bah, déjalo" conseguí decir. "No, venga, dímelo" me suplicó. "Es que me has... sorprendido" conseguí mirarle a los ojos sin sonrojarme. "¿Y eso es bueno?" preguntó. "Sí. Supongo..." me levanté y llevé el plato al fregadero. "Por cierto, estudio Finanzas" -le dije desde la cocina- "¿Y tú?". "Yo estudio Bellas Artes. Es mi segundo año". "Ah, ¿entonces tienes 20?" pregunté curiosa. "Exacto" contestó él. "¿Ves? Ya nos estamos conociendo" dijo riéndose; y yo le seguí. "Además presiento que nos vamos a llevar muy bien" y me guiñó un ojo. Mis mejillas volvieron a tornarse de rojo inmediatamente. Ojala, Matt. Ojalá, dije para mis adentros.